jueves, 16 de marzo de 2017

El Asesoramiento Familiar



1. La necesidad de ayuda

En algún momento todos hemos recibido ayuda de alguien que decidió atender nuestra necesidad, y que además contaba con las capacidades necesarias para cumplir su objetivo. Desde el mecánico que arregló nuestra bicicleta hasta el médico que nos removió los cálculos renales, y el consejero que nos orientó al elegir una carrera, cada uno ha sido importante para nuestro desarrollo.
No todos pueden ayudar

Las buenas intenciones y la empatía de una persona no son suficientes para dar sabias orientaciones. Aunque la mayoría de nosotros es capaz de prestar ayuda en las necesidades mínimas, lamentablemente no todos podemos orientar, de manera sabia y profesional, a quienes tienen necesidades específicas y, por lo tanto, requieran de un tratamiento fructífero.

Ejemplo.
Un mecánico puede solucionar los problemas que una persona tenga con su automóvil, pero no puede ayudarla a vencer el temor de manejar. Mientras
Consejo.
Para saber enfrentar problemas debemos prepararnos y cuando la solución escapa de nuestra competencia, debemos buscar alguien que nos pueda orientar con profesionalismo y excelencia
Algunos pueden prepararse para ayudar

En la sociedad existen muchas personas que por su profesión o tipo de trabajo que realizan, están en contacto permanente con las necesidades humanas y a muchas las buscan para recibir su consejo.
Estoy convencido de que todos pueden hacerlo si toman la determinación de prepararse con diligencia y de adquirir las técnicas indispensables.

Creo que es obvio que quien recibe orientación adecuada puede responder mejor en la vida.
Un buen consejero no sólo debe tener conocimientos sino, además, herramientas, una buena actitud y sabiduría para orientar con excelencia y en forma práctica a aquellas personas que, al confiar en él, le comparten sus más íntimas necesidades.

2. El conocimiento de los problemas

En este estudio usaré las palabras “problemas” o “conflictos” en forma intercambiable. El conflicto es una situación específica o un conjunto de situaciones que enfrenta una persona, y ante las cuales necesita responder adecuadamente para poder funcionar con efectividad en el ambiente que la rodea.
Existen algunas razones generales por las que los conflictos son complicados:
Porque el ser humano actúa y responde por medio de sus sentimientos y emociones
Es muy difícil entender y luego buscar la solución apropiada para los conflictos de alguien, pues en el asesoramiento tratamos con sus sentimientos y emociones. Los seres humanos tenemos la habilidad de fingir, esconder o manipular.

Algunas personas con problemas se vuelven expertas en mostrar emociones que no sienten.
Por ejemplo, alguien puede fingir un sentimiento cuando llora pidiendo perdón por un pecado cometido, pero es posible que no tenga la intención de abandonarlo. Sólo quiere pasar el mal rato y evitar las consecuencias de su acto de maldad, pero no cambiar en realidad.
“Es difícil encontrar soluciones cuando los aconsejados fingen sus sentimientos y manipulan a los demás con sus emociones”.

Ejemplo

Esteban, muy compungido, solicitó a su esposa que le diera una oportunidad. Él me buscó para que sirviera de intermediario ante Elena, pues ella rechazaba la idea de volver. Logré que accediera e iniciara el proceso de asesoramiento. En las tres primeras sesiones, Esteban se mostraba muy acongojado y pedía perdón mientras lloraba, porque su esposa lo había sorprendido en una relación adúltera. Después de la cuarta sesión, Elena me comentó que notaba a su esposo extraño, y que en varias ocasiones vio que se incomodaba cuando recibía llamadas en su teléfono celular. Establecimos un plan para sorprenderlo y comprendimos que las lágrimas de Esteban eran de cocodrilo. Nunca había dejado a la otra persona y tanto sus lágrimas como las promesas de cambio y las muestras de arrepentimiento, sólo eran una táctica para enmascarar lo que verdaderamente sentía.

LECCIÓN: El arrepentimiento no es un acto que involucra solamente una demostración emocional del momento, sino algo que la persona a quien se ofendió debe comprobar con el paso del tiempo. Sin embargo, debemos aceptar el dolor que el otro expresa, pues no hay forma de comprobar si lo hace sinceramente o no, pero la persona ofendida debe mantenerse vigilante para ver si las acciones del arrepentido demuestran su sinceridad.

Es difícil aconsejar con certeza, pues la persona puede esconder sus emociones y al evaluar lo que vemos podemos llegar a conclusiones equivocadas. En medio de una situación conflictiva con su cónyuge, y para evitarse más complicaciones, uno de los miembros de la pareja puede demostrar externamente que todo está bien, y ocultar su enojo o tristeza creyendo que así evitará nuevos problemas.

No todas las personas que acuden a un consejero tienen la intención de cambiar. Algunos buscan consejos por razones erróneas. Otros están convencidos de que es su cónyuge quien debe hacerlo, manipulan al consejero para que esté de su lado

Ejemplo
Durante varias sesiones René se mostraba sonriente y seguro de sí mismo, y reiteraba que había perdonado el adulterio de su esposa. Pero poco a poco, el examen de sus acciones me fue demostrando lo contrario. Ni siquiera entendía lo que era el perdón, ni dejaba de controlar severamente a su esposa, a pesar de que durante meses ésta le había demostrado su arrepentimiento. Luisa mantenía una buena sujeción a las normas del procedimiento de restauración de la confianza que habíamos acordado, y renunció a su trabajo donde había conocido a su amante. Dio a conocer su nuevo horario y llegaba a su casa a la hora acordada. No tenía una mala actitud cuando su esposo hacía preguntas, pero nada satisfacía a René. Aunque en las sesiones continuaba demostrando que todo estaba bien, en la relación con su esposa le demostraba rechazo.

LECCIÓN: El consejero no debe limitar su labor a comprobar el cambio de actitud que los aconsejados demuestran en las sesiones de asesoramiento.
Los conflictos humanos son difíciles de tratar
Todos sabemos que diferentes individuos pueden tener reacciones muy distintas ante las mismas circunstancias.

Cada persona ve la vida en forma distinta.

Por ejemplo, María estaba cansada y molesta por la actitud de su marido, porque lo consideraba extremadamente pasivo y sin autoridad. Por lo general ella actuaba de manera enérgica y grosera con su hijo. Luis, en vez de gritarle, como lo hacía su esposa, cuando el niño dejaba sus cosas desordenadas lo trataba con tranquilidad y al mismo tiempo con energía, pero sin presionarlo. Según María, su esposo estaba equivocado porque no actuaba como ella, y quería una actuación más fuerte, inmediata y con mayor presión. Luis no reaccionaba, o lo hacía lentamente. María y Luis eran muy distintos y tenían diferentes formas de actuar en la vida, pero no lograron aprovechar esas diferencias para enriquecer su situación.

La labor del consejero era orientarlos para que les fuera posible ver cuánto puede dar cada uno, y lo importante que es mantener bajo control sus reacciones extremas y debilidades. Ella tenía la virtud de confrontar los conflictos cuando ocurrían, pero se iba al extremo de la rudeza: su debilidad era alterarse con facilidad. Luis tenía la virtud de tratar a las personas con tranquilidad y respeto, pero se iba al extremo de la pasividad.

Cuando la gente siente que no está manejando adecuadamente sus problemas o se sienten vencidos por ellos, por lo general buscan ayuda. Por supuesto, también existen algunos individuos que insisten en tratar de arreglar las cosas aunque hayan comprobado que no pueden hacerlo, y otros que por su gran orgullo no aceptan la ayuda disponible.

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