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sábado, 17 de enero de 2015

LA IGLESIA PLANEADA



Si uno no entiende cuándo comenzó la iglesia, se le hará difícil entender con claridad el resto de la Biblia. Para ilustrar mejor este hecho, observe lo que sucede cuando una nación se independiza de otra. No sólo cambia la forma de su gobierno, sino que cambia también su constitución y sus leyes, siendo las primeras eliminadas y reemplazadas por un sistema nuevo. Después de establecer un nuevo gobierno, nadie piensa en retornar al sistema pasado. Ahora bien, si aplicamos este principio al estudio bíblico, fácilmente entenderíamos que el Nuevo Testamento es NUEVO y el Antiguo Testamento es VIEJO (Heb. 8:13). Cuando Cristo estableció su nueva constitución (el Nuevo Testamento), el Antiguo quedó eliminado y reemplazado.

CRISTO Y SU NACION NUEVA

En nuestro estudio de las Sagradas Escrituras, no podemos retornar a la antigua Ley de Moisés, ni a cualquier parte del Antiguo Testamento para encontrar leyes válidas con respecto al reino de Cristo. Sería absurdo, ya que Cristo inauguró una nueva nación, con leyes nuevas, aunque éstas tuviesen algunos puntos en común con los pactos y sistemas anteriores (Gálatas 5:18; Hebreos 9:19 y 10:19-22). Este hecho merece nuestro estudio para poder llegar a un concepto correcto del cristianismo y de nuestra obligación, no para con Moisés, sino para con nuestro nuevo legislador, Jesucristo. Pero, realmente, ¿cuándo se inició Su Iglesia?

Para contestar esta pregunta, es necesario hacer otra: ¿Qué relación tiene la iglesia y el reino? ¿Serán idénticos? Muchos afirman que no. Dicen que Jesús trató de iniciar Su reino eterno entre los judíos, pero que éstos lo rechazaron. Por eso, dicen ellos, Él tuvo que establecer la iglesia como una entidad temporera hasta que El volviera para establecer Su reino. Por eso existe la controversia sobre si "el reino" es sinónimo a "la iglesia". Mientras que algunos afirman una infinidad de argumentos basados en una supuesta diferencia entre estos dos términos, si escudriñamos bien las Escrituras, veremos que la iglesia y el reino difieren en un solo punto: el reino abarca más, incluyendo a aquellos que murieron antes de la era cristiana (Lucas 13:28). Para la gente de hoy, la iglesia es sinónimo del reino, porque para pertenecer al reino, tienen que pertenecer a la iglesia. Quien pertenece a la iglesia es automáticamente miembro del reino. "El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de los pecados" (Colosenses 1:13-14). Las condiciones para ser salvo son las mismas para pertenecer al reino: ""El que no naciere del agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios" (Juan 3:5). Por lo tanto, las dos entidades son, en nuestra época, idénticas y esenciales para la salvación.
El reino es una comunidad. Un líder dijo: "Existe una comunidad actual y palpable, que se llama 'el pueblo de Dios' o 'el cuerpo de Cristo'. Es un hecho incontrovertible que lo que el Señor dejó aquí no es, básicamente, ni un libro o credo, ni tampoco un sistema filosófico, o una colección de reglas sobre la vida, sino una comunidad palpable... Jesús dedicó todo su trabajo a la salvación de esta comunidad, la cual no puso en un plano secundario, sino como hecho primordial. El vino para iniciar una comunidad, escogida por El mismo".

UNA FRATERNIDAD ESPIRITUAL

Dios sabía que los hombres necesitarían de una fraternidad espiritual, donde pudiesen encontrar apoyo para ser fieles. Los hombres se necesitan unos a otros para poder recibir y dar exhortación, convicción y estimulo mutuo. Nadie es suficientemente fuerte ni valiente para existir de por sí solo. La labor cristiana en conjunto da mejores resultados que el trabajo individual, o hasta la suma del trabajo de cada uno. Hay hombres que pueden vivir aislados de los demás, pero para recibir el mayor fortalecimiento espiritual, es preciso participar regularmente de la experiencia grata de una labor colectiva. A pesar de los problemas que pueda haber dentro de la iglesia bíblica, la vida fuera de ella es mil veces peor.

PLANIFICADA DESDE EL PRINCIPIO

La iglesia bíblica no era un remedio, sino parte esencial del Plan de Dios. Dios la planificó, la profetizó, la prometió y, al final, la edificó.

En primer lugar, la iglesia existía en la mente de Dios desde el principio del mundo. El apóstol Pablo declaró "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en El antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de El, en amor, habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alcanzar la gloria de su gracia, con el cual nos hizo aceptos en el Amado (Efesios 1:3-6).

En este pasaje Pablo se refiere a la congregación que estaba en la ciudad de Éfeso y les dice que Dios los había escogido desde antes de la fundación del mundo. Esto significa que Dios estaba pensando en la iglesia antes de crear a nuestro mundo físico. Desde aquellos tiempos remotos Dios ya estaba planificando la iglesia. Entonces sería absurdo despreciar o menospreciar aquello que el Dios-Creador planificó desde el principio. Si el propio Dios estudiaba la iglesia desde aquel tiempo, lo menos que nosotros podemos hacer es estudiarla minuciosamente y aceptarla incondicionalmente. La iglesia forma una parte importante del plan de la salvación eterna, incorporado en Jesucristo y preservado por Dios para siempre en las Escrituras. De esto no cabe duda, porque no existe en el mundo nada más importante que la esposa de Jesús, o sea, Su Iglesia.

LA IGLESIA EN PROFECIA

En segundo lugar, la iglesia del Señor era a menudo objeto de las profecías del Antiguo Testamento. Cientos de años antes de su establecimiento, Isaías anunció: "Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa de Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová" (Isaías 2:2-3).

Joel profetizó: "Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos sonarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días" (Joel 2:28-29).
Daniel nos dio una profecía exacta de la llegada del reino. Hablando de los reyes del cuarto reino, dijo "Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre (Daniel 2:44. Lea también todo el capítulo.)

Estos pasajes ofrecen la siguiente información: (1) el reino será establecido en los últimos días; (2) todas las naciones afluirían a él; (3) El Señor derramaría de Su Espíritu sobre toda carne; (4) El reino comenzaría en los días del cuarto imperio mundial, siendo los reinos anteriores el babilónico, el pérsico y el macedónico; (5) El reino de Dios sobreviviría a todos los otros reinos e imperios, permaneciendo para siempre.

En tercer lugar, el reino, o la iglesia, era frecuentemente prometido por Juan el Bautista y por el mismo Jesús, confirmando así las profecías anteriores. Juan el Bautista, antes del ministerio de Jesús, anunció: "El reino de los cielos se ha acercado" (Mateo 3:2). Esta expresión significaba la llegada eminente del reino. Jesús prometió el reino cuando dijo: "...sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" (Mateo 16:18).

Después afirmó que el reino iba a llegar antes de la muerte de todos sus discípulos. "De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder" (Marcos 9:1). Como todos ya han muerto, no nos queda más alternativa que admitir que la iglesia y el reino son sinónimos.
"Así está escrito, y así fue necesario que Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto" (Lucas 24:46-49).

EL ANALISIS

Analicemos esta información:

(1) El reino se aproximaba durante los ministerios de Juan y de Jesús, pero todavía no había llegado;
(2) Aunque su muerte era inminente, Cristo prometió edificar la iglesia;
(3) Algunos de los que estaban con Jesús en Marcos 9, estarían vivos cuando llegara el reino. Si como algunos afirman que el reino celestial aún no ha llegado entonces aquellos hombres todavía viven;
(4) El reino llegaría con poder;
(5) El arrepentimiento y el perdón serían proclamados a todas las naciones;
(6) El reino comenzaría en la ciudad de Jerusalén;
(7) Los apóstoles del Señor recibirían poder para predicar a Jesucristo.

CONCLUSION


Bueno, ¿dónde y cuándo se cumplieron estas profecías del Antiguo y Nuevo Testamento acerca de esta nueva institución, la iglesia del Señor? Una lectura cuidadosa de Hechos 2 explica cómo empezaron a cumplirse. El reino fue establecido antes de la muerte de varias personas que personalmente habían oído a Jesús (Mateo 16:28). El reino fue establecido en Jerusalén, un área montañosa de Judea. En el día de Pentecostés cuando los judíos del mundo entero se reunían en Jerusalén para dicha fiesta importante, personas representando todas estas naciones del mundo entraron al reino de Cristo. Y el Espíritu descendió sobre los apóstoles con gran poder. Además el reino comenzó durante el reinado de Cesar Tiberio, un rey del Imperio Romano, el cuarto imperio mundial, según la visión de Daniel en Daniel 2 y de acuerdo a Lucas 3:1). El reino continúa hasta el día de hoy, habiendo superado al Imperio Romano y a todos los demás reinos desde entonces.

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