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lunes, 16 de febrero de 2015

Fundamentos bíblicos de la consejería cristiana



Introducción
Podemos comparar el estudio y entendimiento de la consejería cristiana como la construcción de un edificio. Es necesario poner un buen cimiento antes de empezar la construcción de la estructura. Para que nuestra forma de aconsejar sea cristiana tiene que tener bases bíblicas. Sin embargo, la Biblia no es principalmente un manual de consejería, ni pretende ser un texto de psicología. No habla de una gran cantidad de problemas personales y relacionales que enfrentan los seres humanos modernos. Mucho menos, da soluciones específicas a patologías complejas. Sin lugar a dudas, creemos en el Evangelio, y nos fijamos en la seguridad de que Cristo salva y da la nueva vida a cualquiera que venga a Él. Cristo salva y santifica, pero Dios dejó en las manos de ministros humanos el trabajo de ayudar a nuestros semejantes a salir del hoyo para glorificar a Dios. Esto requiere un conocimiento sólido de lo que la Biblia dice sobre el hombre, un conocimiento sólido del propósito de Dios para el hombre, y un entendimiento de cómo el hombre piensa, toma decisiones y llega a comportarse de ciertas maneras.
Los cimientos son: la dignidad del hombre, la depravación del hombre, la redención por Dios, la restauración por Dios. Estos cuatro fundamentos bíblicos forman los cuatro cimientos sobre los cuales edificaremos nuestro edificio de la consejería cristiana.

La dignidad del hombre
Para entender a la raza humana bíblicamente es menester empezar por el principio de su historia, según la Biblia. En otras palabras, podemos decir que entendemos mucho acerca del hombre al considerar su creación. La meta de la consejería es participar con Dios en la restauración de las vidas perdidas. Tal cooperación necesita entender el ideal divino en cuanto al hombre. Encontramos este ideal en el diseño original. Génesis 1:26–28 nos habla de una decisión divina, increíble. Dios decidió crear una criatura a su propia imagen, conforme a su semejanza y permitir a esta criatura señorear sobre el resto de su creación.

Empezamos con la dignidad del hombre, para recordarnos de su estado original. Queremos ver esta dignidad fundamental debajo de las capas de suciedad que el pecado deja en la vida. Y con todas las limitaciones con las cuales tenemos que trabajar, queremos llevar al aconsejado un poco más cerca a la restauración del ideal original.

 La depravación del hombre
¡Cuán bella sería la historia humana si la Biblia terminara con Génesis capítulo dos! Dios creó al hombre, digno, honroso, un perfecto reflejo suyo. Vivían en perfecta harmonía en el verdadero paraíso. Esto era el propósito de Dios y su diseño original para nuestra raza. Parece como un sueño lejos de la realidad que vivimos.
La entrada del pecado al mundo cambió todo. Inmediatamente cuando Adán y Eva pecaron, la imagen divina fue estropeada, la dignidad fue distorsionada y las consecuencias del pecado que padecemos hasta hoy día comenzaron. Es menester entender estas consecuencias en el contexto de la consejería bíblica. Si no fuera por el pecado y sus efectos no habría necesidad de la consejería. La meta sobresaliente de la consejería bíblica es cooperar con Dios en la obra de restaurar la imagen suya, y restituir al hombre a su diseño original. Si fuéramos competentes como consejeros tendríamos que comprender cómo el pecado ha afectado cada aspecto de la vida humana. La magnífica imagen de Dios, las preciosas relaciones humanas y el vínculo entre Creador y criatura, todos llevan la mancha del pecado.


La redención del hombre
En el capítulo anterior ya vimos a la raza humana en una situación desesperada. Adán y Eva se habían rebelado contra Dios, actuaron independientes de Él, y hundieron a la raza humana, completa, en las horribles consecuencias del pecado. Parece como una situación sin esperanza. Pero Dios no es un Dios impotente, sino omnipotente. Él no es un Dios de desesperación, sino de esperanza. Si la dignidad del hombre forma la meta de la consejería y la depravación es la razón de ella, la redención divina es su esperanza. Cuando tratamos con los problemas profundos de las personas, cuando ayudamos a nuevos creyentes a superar su vida vieja, cuando buscamos soluciones para las relaciones estropeadas y rotas de nuestros semejantes, muchas veces parecen sin esperanza. Y de este modo serían sin la muerte y resurrección de Cristo. ¡Jamás debemos aconsejar sin reconocer la importancia de la nueva vida dada al individuo por la redención en Cristo! La restauración de la vida al diseño original no se puede efectuar sin que la persona tenga la nueva vida en Cristo. Jesús mismo dijo en Juan 14:6: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí».


Cuando aconsejamos tengamos la dignidad del diseño original delante como la meta que queremos ver cumplida. Mantengamos un claro entendimiento de la depravación y los profundos y extensivos efectos del pecado sobre la vida. Tengamos certeza de que sólo por medio de la redención de Cristo hay esperanza de cambios y de la restauración. Mantengamos siempre el propósito de buscar la restauración de la vida del aconsejado, que le lleva más y más cerca a la meta de ver la belleza y dignidad original. Siempre recordemos que el mismo proceso que pasa el aconsejado lo estamos pasando nosotros mismos. No aconsejamos de una posición perfecta, sino de una creciendo. No aconsejamos porque hemos llegado a la meta, sino porque estamos caminando hacia la meta. La perfección se efectuará cuando venga Jesucristo para llevarnos a su presencia eterna. Mientras tanto no somos perfectos, sino que debemos estar caminando hacia la perfección. El consejero no es perfecto pero debe estar caminando. Él puede dirigir al aconsejado en el camino, porque está caminando delante del aconsejado.

La restauración de la vida
Al lado de mi casa tengo un pequeño terreno que nada más produce cardos y otras malas hierbas. De vez en cuando he pensado en preparar el terreno y sembrar unos tomates y papayas. Imaginemos que, por fin, decido usar la parcela de manera útil. Decido qué parte del terreno voy a sembrar, y lo indico con unos postecitos y cuerda. Ya he separado la parcela que quiero para mi huerto de las otras partes del jardín. Esto ilustra la santificación realizada o posicional. Cuando Cristo nos salva, nos separa del mundo para su gloria y uso. La palabra «santificar» quiere decir «separar». Cristo nos compró y liberó del pecado. Esto es la redención. A la misma vez Él nos separó del mundo para ser su posesión única, para su gloria y su uso. Esto es la santificación posicional. La realidad espiritual de cada creyente, sea nuevo convertido o creyente maduro, ahora pertenece exclusivamente a Cristo, para su honra y gloria. Sin embargo, si en una tarde decido tener un huerto y lo divido con postes y cuerda, no voy a cosechar sabrosas papayas la próxima mañana, ¿verdad? ¡Por supuesto, que no! Tengo que sacar los cardos, preparar el terreno, sembrar las semillas y regar antes para disfrutar del fruto de mi huerto. Esto ilustra el aspecto progresivo de la santificación. Todos los verdaderos creyentes son nuevas criaturas en Cristo (2 Corintios 5:17). La Biblia declara que somos santos, santificados para el uso y gloria de Dios. No obstante, todos sabemos que no siempre actuamos como santos. El nuevo creyente especialmente necesita muchos cambios en sus actitudes, hábitos y relaciones antes para ser útil para el reino de Dios.


Estos fundamentos proveen un cimiento, o un marco para el consejero. Ideas, opiniones y métodos que están de acuerdo con estos fundamentos bíblicos son útiles para el consejero cristiano. Ideas, opiniones y métodos que no están de acuerdo con éstos deben ser rechazados por el consejero cristiano.


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