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martes, 4 de diciembre de 2012

PUSO EN ELLOS ETERNIDAD

«Todo lo hizo hermoso en su tiempo, y ha puesto eternidad en en corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin» (Ec. 3:11).

INTRODUCCIÓN:

Oremos

«Bendito Dios y Padre Eterno. ¡Cuán hermosas son las obras de tus Manos! La flora y la fauna muestran tu grandeza y sabiduría. Los planetas, astros, estrellas, satélites y otros cuerpos celestes nos hablan de tu magnificencia. Tú has hecho al hombre y a la mujer de una manera maravillosa. Tú nos circundas con tu amor y cuidado. ¡Señor! Sé en los hogares donde hay luto. Consuela los corazones transidos por el dolor y la tristeza. Bendice a los enfermos, a las viudas, a los huérfanos, a los encarcelados, y a cuantos pasan por necesidades o por pruebas amargas y difíciles. Y perdona nuestros pecados. Te lo suplicamos en el bendito nombre de Cristo Jesús, nuestro amado Salvador». Amén.

Cuando por primera vez comemos algo que nos resulta delicioso, deseamos saber cuales ingredientes fueron usados en su preparación. En esta ocasión, deseamos pensar en los ingredientes que Dios usó para formar al hombre tal cual él es. En primer lugar, pues

1. Dios puso en el hombre substancias químicas: los científicos en sus laboratorios han hecho maravillas al usar las sustancias químicas que el hombre ha descubierto. Mas Dios puso las mismas sustancias químicas que se encuentran en cierto tipo de terreno. ¡Que no daría un químico por hacer un cuerpo humano en su laboratorio, usando las mismas sustancias químicas de aquel! Damos gracias a Dios por los químicos que con persistentes esfuerzos científicos han beneficiado a la Humanidad. Ojalá ellos puedan usar los descubrimientos químicos más y más para bien y no para mal de la raza. En segundo lugar, también

2. Dios puso en el hombre un laboratorio maravilloso:

a) El sistema de la circulación de la sangre es estupendo: el corazón de una de sus cámaras bombea la sangre purificada a través de las arterias; y al mismo tiempo bombea a los pulmones, por la otra cámara, la sangre carente de oxígeno que ha regresado por las venas. En los pulmones se purifica nuevamente para ser bombeada otra vez a las arterias. Y así continúa el proceso casi sin fin.

b) El sistema de asimilación es igualmente sorprendente y hasta misterioso, pues ocurre algo así como una resurrección, ya que parte de los alimentos en última instancia vienen a formar parte de nuestro organismo vivo.

c) Y no menos podríamos decir del intrincado y complejo sistema nervioso, y de los demás órganos y aparatos de nuestro cuerpo, lo cual a veces nos parece imposible entender. Mas hallamos además que

3. Dios puso en el hombre sentidos:

a) ¿No es cierto que poder oír es una gran bendición? ¡Cómo nos alegramos al oír buena música, o el trinar de las aves, o el mugir del ganado el ruido de la lluvia al caer. la furia de la tempestad, el murmurar del arroyuelo, el canto de una madre, la alabanza religiosa, las palabras de amor… y tantas cosas más. Dios también nos ha dado la vista, y ¡qué gran pérdida sería para nosotros vivir en las tinieblas de la ceguera! ¡Qué gran dicha es poder ver a nuestros seres amados observar un hermoso atardecer. ver la policromía de las flores, y poder ver el sendero por donde caminamos, poder contemplar el firmamento, las estrellas, todo! La vista es un don realmente inapreciable. ¡Bendito sea Dios, quien nos la dio para nuestra bendición!

b) Algún día sus vidas no estarán limitadas por los defectos del nervio óptico o de la retina, y los ciegos que aceptan a Cristo como su Salvador personal podrán ver la eterna primavera en la gloria con nuestro Dios.

c) Dios también ha dado al hombre el valioso sentido del tacto, el cual nos es tan útil en nuestras actividades diarias.

d) Dios ha puesto en el hombre el sentido del olfato el cual no sólo le permite gozar de la fragancia de las flores o de los nenúfares, sino que le ayuda a saber cuándo está en peligro, por el olor que percibe de algo que se quema o por algo que infecta el aire.

e) Y además Dios puso en el hombre la facultad de distinguir el sabor de lo que se lleva a la boca, para que pueda gozar con tantas cosas agradables que hay en la naturaleza. Pero, a pesar del inmenso valor de los sentidos, lo más distintivo del hombre es que

4. Dios puso en el hombre raciocinio, emociones y voluntad:

a) El hombre es el único ser terrenal que razona: él es el Homo Sapiens. Nosotros simpatizamos con los dementes y otros enfermos que no pueden razonar. Muchos de ellos no pueden pensar seriamente, no reconocen a sus padres, algunos ni saben de qué sexo son. En un mensaje anterior dijimos que Dios no puede condenar ni a las criaturas inocentes e irresponsables, ni a los dementes, ni a los pecadores arrepentidos. Muchas veces el espíritu del hombre se halla limitado por un defecto en la masa encefálica; pero un día ante la presencia de Dios los espíritus de las personas dementes no estarán más limitados por una mente débil o enferma, y entonces podrán razonar y conocer. Una mente lúcida es un gran tesoro. El hombre tiene libre albedrío, y así puede usar su mente para hacer el bien o para hacer el mal. Muchas veces se ha afirmado que es más peligroso un criminal sabio o inteligente que uno con mentalidad mediocre.

b) Dios puso en el hombre, asimismo, emociones: éstas deben ser cultivadas y dirigidas por nuestra voluntad con la ayuda de Dios. Hay personas fuertemente emotivas que viven en constante peligro de destruir o arruinar su vida por un momento de descuido o arrebato. El gran poeta Edgar Allen Poe en uno de sus libros describe una gigantesca vorágine en las costas de Noruega. Pero, no hay peor vorágine que la del vicio y del pecado, y los que son arrastrados por esta corriente pierden el honor, la virtud, la honestidad, la pureza, la paz de conciencia, el pudor moral y el respeto de sí mismos, y sobre todo la comunión y el compañerismo con Dios. Dios, al poner en el hombre voluntad o libre albedrío, le ha dado la facultad de escoger lo bueno o lo malo y aun puede así rechazar el perdón, el amor y la misericordia de Dios. Grande es el privilegio de tener libre albedrío; pero también es una tremenda responsabilidad. El libre albedrío es innato en el hombre y la mujer, y por eso nunca nos sentiremos felices cuando vivimos esclavos y oprimidos por algún dictador. La nueva filosofía de «lavar el cerebro» tiene el propósito de despojar de la voluntad propia al cerebro, borrar las características morales, sociales y mentales propias del individuo y procurar poner en el cerebro, pensamientos, emociones y voluntad prefabricados por el Estado o por otro individuo. En otras ocasiones hemos señalado que los malos pensamientos y las perversas emociones sin dominar son como dos caballos brutos desbocados que nos arrastran al precipicio de la condenación eterna. Nuestra voluntad es muy débil para dominar esas emociones y esos pensamientos. Necesitamos, pues, poner las riendas de nuestra vida en las manos de nuestro Dios. Asimismo hallamos que

5. Dios puso en el hombre una conciencia; Núñez de Arce escribió acerca de la constante vigilancia de la conciencia, con los siguientes elocuentes versos: «Conciencia nunca dormida, mudo y pertinaz testigo, que no dejas sin castigo ningún crimen en la vida. La ley calla, el mundo olvida, más, ¿quién sacude tu yugo? Al Sumo Hacedor le plugo que a solas con el pecado fueras tú para el culpado, delator, juez y verdugo».

¡Ah!… ¡la conciencia! Muchas personas quisieran ahogarla, para que no les molestara ya más. Pero, ¿cómo podemos matarla o arrancarla de nuestro ser? Hay quienes piensan que lo han logrado; pero, llega el día, el momento, en que aquella conciencia, aparentemente dormida, destruida o ahogada, nos asedia, nos mortifica y nos sigue a todas partes como siniestra sombra. Mas debemos recordar que el Espíritu de Dios usa nuestra conciencia para convencernos de la gravedad de nuestros pecados y para darnos, luego un sentido de ética y decencia cristianas. La única manera efectiva de acallar la conciencia para que no nos moleste más, es arrepentirnos de nuestros pecados; y, confiando en Cristo, quien murió por nosotros, pedir y recibir el perdón de Dios por fe en Cristo. Ciertamente, hay muchos más ingredientes que Dios puso en el hombre; pero en esta ocasión sólo mencionaremos uno más y es …

6. Dios puso en el hombre eternidad; el versículo leído al comenzar afirma: «Todo lo puedo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin; «Verdaderamente, Dios ha hecho todo muy hermoso. ¡Qué bellos son aun los diseños de los copos de nieve! ¡Qué belleza sorprendente se halla en los pétalos de las flores! ¡Cuán delicada es una simple gota de rocío! Cuán sublime y misterioso el centellear de las estrellas en el firmamento infinito! ¡Sí! ¡Todo lo ha hecho hermoso! Sólo Él merece nuestra alabanza y adoración sinceras. Es imposible que nuestra mente finita pueda entender las obras majestuosas de nuestro Hacedor Dios. Con todo, debemos señalar que en el hombre, el cual es la obra suprema de Dios, también Dios puso «eternidad». Cada uno pone algo de su personalidad en lo que hace. El poeta deja en sus versos algo de lo intangible y valioso de su espíritu y puede hacernos sentir lo que él sintió, puede hacernos ver lo que él vio, y aun amar lo que él amó. El gran predicador Temple, hablando del poeta Blake dijo más o menos estas palabras: «El podía ver un mundo en un grano de arena y el cielo en una flor silvestre; el podía sostener lo infinito en la palma de su mano y a la eternidad en una hora» (p.ej.: la música de Chopin, Mozart o Beethoven lleva el sello indeleble de su autor; Miguel Angel dejó en sus esculturas y lienzos el genio artístico de su espíritu … Y así podemos afirmar que nadie puede escribir como Amado Nervo, Rubén Darío, Alarcón o Cervantes lo hicieron, pues ellos pusieron algo de sí mismos en lo que dijeron).

La belleza la grandeza, el poder y la sabiduría de nuestro Dios se reflejan en todo cuanto ha creado: el hombre es «la corona de su creación», y en él dejó el sello de su eternidad: «ha puesto eternidad en el corazón de ellos, dice el escritor bíblico.

CONCLUSIÓN:

Y Dios desea aún poner otros «ingredientes» de los cuales el hombre y la mujer carecen por causa de sus pecados. Dios puso en el hombre, hemos dicho sustancias químicas; puso en su cuerpo un intrincado laboratorio, sentidos maravillosos, raciocinio, emociones y voluntad; puso en él una conciencia dotada de sensibilidad, y puso en él «eternidad». Además, Dios desea derramar en nuestras vidas Su amor, su perdón. su misericordia, paz de conciencia, limpieza de corazón, seguridad de vida eterna: estos son los «ingredientes» que endulzan la vida y traen la verdadera felicidad al corazón. Dios anhela poner tales dones imprescindibles en nuestras vidas. Pero, cada uno necesita usar su voluntad, confiando en la ayuda divina, para recibirlos y así gustarlos «personalmente». ¿Deseas tú, pues que Dios ponga tales «ingredientes» en tu vida pecadora, impotente y necesitada?… Pues, sólo pide a Dios te dé el perdón de todos tus pecados a través de los méritos de Cristo, en quien debes poner toda tu confianza; y encomiéndale a él el cuidado y dirección de tu vida toda, disponiéndote a obedecer su voluntad y a vivir una vida que muestre realmente que hay un «ingrediente divino»—eternidad—en todo lo que dices y haces, por cuanto hay ahora una «Presencia divina» en el centro de tu vida. ¡No demores: Hazlo ahora! y gozarás de su bendición. Que Dios os bendiga y os guarde: es mi deseo y es mi oración.

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